“Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII”, Desperta Ferro

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Título: Especial “Los Tercios (IV) America ss XVI – XVIII”
Autor: Despertaferro Ediciones. Historia Moderna

Los reinos de las Indias occidentales en la Monarquía Hispánica por José Javier Ruiz Ibáñez (Universidad de Murcia)

Uno de los elementos que llama más la atención en la expansión imperial ibérica es la rapidez con que se asentó en América el sistema administrativo de la Corona, así como la estabilidad de su dominio sobre unos espacios cuyo control político y militar parecía extremadamente difícil debido a su extensión. Entre finales de la década de 1510 y principios de la de 1560, españoles y portugueses habían consolidado las grandes líneas de su posición en lo que llamaban Indias Occidentales, que perdurarían sin mayores interrupciones, al menos, hasta el siglo XIX.

Las peculiaridades de la guerra en América por Davide Maffi (Università de Pavia)

Tras la rápida conquista de los viejos imperios amerindios, la Corona española tuvo que hacer frente a dos tipos de guerra en el nuevo continente: la primera, la clásica guerra colonial contra de las tribus indias que todavía resistían a los conquistadores en el corazón de América; la segunda, una guerra defensiva para poder hacer frente a las incursiones de las otras potencias europeas y a los ataques de los corsarios y piratas a los nuevos centros caribeños y de la costa.

El sistema defensivo americano durante los siglos XVI y XVII por Rafal Reichert (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas)

Desde 1522, cuando el corsario francés Juan Florín asaltó en las cercanías de las islas Azores los barcos cargados de tesoros de la conquista de Tenochtitlán, el mundo europeo “comprobó” las leyendas que corrían sobre las grandes riquezas del Nuevo Mundo, provocando así el interés de Francia, Inglaterra, así como de la rebelde Holanda. Al concluir la primera etapa de la conquista, Carlos V ordenó la organización de las primeras unidades de autodefensa, obligando a los vecinos de puertos y villas de la América española a que “tomasen las armas e hiciesen ejercicios militares organizados en milicias”.

La guerra chichimeca: cuando “a fuego y sangre” no lo es todo por Alberto Raúl Esteban Ribas

Más allá del Cem Ānáhuac existían unas tierras áridas, duras como sus pobladores, tribus de cazadores y recolectores, que defendieron su libertad y modo de vida en un terrible conflicto que duró más de cuarenta años. La penetración hispana motivó una agresiva política hacia las tierras norteñas; un primer intento, llevado a cabo en 1528-1531 por Nuño de Guzmán, desembocó en la Guerra del Mixtón (1541-1551), que demostró la resistencia de caxcanes y zacatecos así como las enormes dificultades que padecieron los españoles en un entorno como el mesoárido mexicano.

Milicias indígenas en la América colonial por Raquel Eréndira Güereca Durán (Universidad Autónoma de México)

Las milicias indígenas desempeñaron diversas funciones ofensivas y defensivas. Entre las primeras, destaca su participación en las entradas para vencer la resistencia de los indígenas no sometidos y expandir los dominios del rey. Tocaba a estas milicias participar también en las entradas para castigar a aquellos indios insumisos que habitaban más allá de la frontera hispana. En este sentido, fue de vital importancia el auxilio prestado en la lucha contra el enemigo extranjero. Las milicias guaraníes participaron con frecuencia en el desalojo de portugueses, que ingresaban ilegalmente en territorio español, estableciendo vaquerías o pequeños poblados fortificado También fue común que estas fuerzas fueran empleadas para perseguir y castigar a los indios “domésticos”, aquellos ya integrados en el sistema colonial, que organizaban tumultos, rebeliones o cometían delitos menores, como el robo de ganado o el asalto a viandantes en caminos solitarios.

Los castillos “de morro” y la fortificación de la frontera marítima hispánica por Fernando Cobos Guerra

A finales del siglo XVI, Felipe II, como rey de Castilla, Aragón y Portugal, decide trasladar al Atlántico y a las costas de América específicamente, un sistema global de fortificaciones cuyas bases estratégicas y técnicas habían sido ya desarrolladas y probadas en el Mediterráneo. Este sistema partía de unas necesidades de ubicación y de una estrategia de defensa que condicionaron de tal manera el modelo de fortificaciones a construir que, aun siendo todas distintas por su proverbial adaptación al terreno, son perfectamente reconocibles como tipo. Llamados algunas veces castillos “de morro”, fueron durante más de 200 años la más eficaz arma defensiva del Imperio marítimo español.

La guerra de Chile en el siglo XVII por Hugo Contreras Cruces (Pontífica Universidad Católica de Chile)

La mañana del 24 de diciembre de 1598 no empezó bien para los españoles que habitaban las ciudades del sur de Chile. Un sorpresivo ataque en los campos de Curalaba, una localidad cercana a la ciudad de Purén, sorprendió al gobernador don Martín García Óñez de Loyola. Este, quien había capturado al último inca de Vilcabamba, Túpac Amaru, y desposado a doña Beatriz Clara Coya, una joven heredera indígena perteneciente a la antigua elite cuzqueña, fue muerto junto con los cincuenta soldados que le acompañaban. Con dicho triunfo comenzó la más grande y violenta rebelión indígena de la que los españoles tuvieran memoria desde que arribaron a Chile en 1540.

El componente humano en la defensa de Indias por Antonio José Rodríguez Hernández (UNED)

El modelo de ejército presente en América fue diferente del más habitual y conocido. En realidad no fueron demasiados los reclutas enviados a América en todo este periodo, debido a que no existió un gran ejército profesional y de intervención, con miles de efectivos, al estilo de los que la Monarquía Hispánica disponía en Europa, como el de Flandes. El sistema existente fue acorde a los riesgos reales y a las posibilidades económicas de España, asolada por numerosos enemigos. Sí que hubo soldados profesionales, pagados por el rey y movilizados todo el año, pero la mayoría de ellos se encontraban en guarniciones estáticas que aglutinaban unas pocas compañías, como mucho de varios centenares de hombres, repartidas por todo el continente, y que, al igual que en España, Italia o África, se denominaban “presidios”.

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